Finaliza una nueva versión del curso “Ingeniería Aplicada” de la Escuela de Verano (EdeV), instancia a la que concurrieron estudiantes de enseñanza media por dos semanas para participar de clases universitarias especialmente diseñadas para ellos. En la ocasión se abordaron temáticas de optimización y transporte. Las experiencias expresadas por los jóvenes hablan de una oportunidad entretenida de aprender y de formar nuevas amistades.
Cada enero desde hace más de 20 años funciona la Escuela de Verano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, atrayendo a unos 3000 estudiantes de todo el país a diversos cursos en áreas como: Físico-Matemático, Biología-Química, Ciencias Biomédicas, Ciencias Sociales y Humanidades. Comunidad InGenio lleva impartiendo tres años el curso “Ingeniería Aplicada: Solucionando Problemas del Mundo Real” en el cual se desarrollan temas de optimización y transporte.
La primera semana estuvo dedicada al área de optimización de modo de comprender sus aportes como herramienta matemática que permite mejorar procesos y tomar mejores decisiones. El diseño temático y metodológico de este ámbito fue efectuado por Richard Weber, académico del Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile e investigador del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI). Los contenidos y reflexiones sobre el transporte ocuparon a los muchachos la segunda semana explorando problemáticas propuestas por Leonardo Basso, académico del Departamento de Ingeniería Civil e investigador joven del ISCI. Las sesiones fueron llevadas a cabo por Nelson Devia y Sebastián Astroza, egresados de las respectivas disciplinas con experiencia como profesores auxiliares de estos reconocidos investigadores.
En su conjunto, el curso estuvo orientado a ampliar el conocimiento matemático de estudiantes de enseñanza media, además de brindarles herramientas para que pudieran analizar y comprender cómo opera la matemática aplicada.
Un verano diferente
Es mediados de enero y muchos jóvenes de la edad de quiénes fueron parte de esta iniciativa seguramente están pensando en cómo escapar del calor de Santiago. Ellos, sin embargo llegaron cada tarde a comprender cómo utilizar las matemáticas para lidiar con problemas cotidianos.
Un total 29, de los 53 estudiantes que participaron en este curso, llegaron desde regiones a pasar parte de su verano en la capital, donde varios días las temperaturas han superado los 32º. Al momento de presentarse al inicio del curso, gran parte señaló que su objetivo de participar era aclarar su visión sobre la ingeniería y sus múltiples campos de aplicación. Al finalizar el proceso, la mayoría de sus expectativas se han cumplido, al menos así lo señalaron en las encuestas de satisfacción y en las opiniones recogidas.
“Fue provechoso haber participado porque me di cuenta que lo que quiero realmente estudiar es ingeniería y me sirvió también para ver qué es la ingeniería civil industrial y la ingeniería en trasporte” comentó Hernán Scheel, estudiante del Colegio Santa Marta de Ñuñoa. Algo similar le ocurrió a Paloma Cortés que vino desde Ovalle a la Escuela de Verano: “Estoy decidida ahora a que quiero ser ingeniera en la vida, porque antes estaba entre el área de la biología y las matemáticas, ya que las dos me gustan bastante”.
Además de trazar rumbos en lo profesional, la experiencia de estas semanas hizo también que algunos derrumbaran ciertos prejuicios. Jorge Ochoa estudia en un colegio particular subvencionado de la Región de Valparaíso y cuando la orientadora del Instituto del Puerto le presentó a compañeros de cursos superiores, que habían participado en versiones anteriores de , había en él ciertas resistencias: “Yo antes de venir creía que todos los que venían a las Escuelas de Verano eran unos cerebritos y que no iba a encajar muy bien con ellos, pero me di cuenta de que era muy distinto. Es una experiencia excelente” explicó Jorge, quien en marzo cursará tercero medio.
Para Belén Múñoz, del Colegio Alexander Fleming de Las Condes, el nivel de exigencia fue alto, pero abordable: “Me gustó que fuera complejo, que fuera difícil y que me costara, porque estoy acostumbrada a tener buenas notas. Lo disfruté y se cumplieron todas mis expectativas del curso” sostuvo la joven.
Los trabajos en grupo, los juegos online, las actividades prácticas, los casos de estudio, todos recursos de Comunidad InGenio, y las exposiciones, fueron bien evaluadas por los estudiantes, pues además de representar distintas estrategias de aprendizaje, les permitieron desarrollar ciertas habilidades sociales. “Como persona me aportó para darme cuenta de que no siempre tengo la razón y que no todo se hace solo de una manera” señaló Hernán Shell. El trabajo final se llevó a cabo bajo la modalidad colectiva, en la que los participantes se reunieron en grupos para llevar adelante una investigación y exposición que contemplara el uso de la creatividad en sus ponencias.
No todo es estudiar
Esta actividad fue para muchos una introducción a la lógica de la universidad, con sus desafíos de mayor nivel, pero con otras ventajas y regalías. La EdeV, además de ser un insumo para su formación intelectual, también aportó en el ámbito social y recreativo. “Me sirvió porque conocí a mucha gente de todos lados. Como soy de región conocía solo la realidad de Coquimbo” planteó Paloma.
Hernán ya saca cuentas a partir de esta experiencia y piensa: ¿Cómo será cuando sea “mechón”?. “Aquí en dos semanas me hice amigos muy buenos y espero seguir juntándome con ellos. Es algo súper motivador por el hecho de pensar que en la U uno va a conocer a más gente todavía”, comentó.
En el caso de Jorge, él ya está pensando volver el próximo año. “Una de las mejores cosas son las relaciones que se crean, son excelentes personas todos. Si tuviera la oportunidad de encontrarme con ellos el próximo año en un curso de la EdeV sería excelente” resaltó.